A partir de aquel momento , todo fue lo más cercano a la magia, lo más cercano a perfecto que os podáis imaginar.
*"La lleva de fiesta, se emborracha. Ella jura no volver a montarse con él en el coche, pero se traiciona."
*"Una barca de pedales en medio del pantano, como dos náufragos perdidos. Él simula abandonarla en el agua, vuelve riéndose. Ella le moja y se ríe. Una vez en la orilla se besan. Él no para de hacerle fotos, ella finge enfadarse. Después, se ríen de nuevo. Vuelven a casa empapados en el coche verde oliva, cOntándose canciones."
*"Hacen la compra de casa. Ella no puede parar de reír, él no pega en cosas tan comunes, es demasiado elegante. Él parece confundido."
*"Descansan sobre cojines, en medio de té y cañas, de humo nocturno."
*"Él le dice que está intentado dejar de fumar. Tiene más ganas de ella que de costumbre, le comunica que si no llega en cinco minutos, fumará un cigarro. Se siente adictiva."
*"Toman algo. Él la agarra contra sí, observando los escaparates de las calles. Cosas especiales y a la vez cotidianas. Se pregunta dónde estarán en un tiempo."
*"Un baile. Luego, el alcohol hace de las suyas. Un enfado. Una llamada. Ella no se lo coge. Otra. Otra y otra. Y otra más. Al final, responde. Él solo pronuncia su nombre."
*"Fotografías nocturnas."
*"Uno de sus lugares favoritos, lleno de luces de anochecer. La lleva por sorpresa, ella sonríe."
*"Llega tarde. Ella le dice que no venga. Insiste. Se niega, puede ser muy terca. Al día siguiente aparece una hora y media antes. No puede evitar sonreír de nuevo."
*"La primera vez que conduce un coche, asustada y algo nerviosa. Se le cala varias veces. Él se burla de ella, se ríe considerablemente. No parece sufrir por su carrocería verde oliva, ni por la multa que podría costarles."
No parecía preocuparse nunca por nada. Ella debería haber sabido que tanta tranquilidad no acabaría bien, pero se sentía llena. Llena de paz.
jueves, 31 de enero de 2013
martes, 29 de enero de 2013
UN CÚMULO DE CASUALIDADES (V)
Sospechó aquel quince, desde el primer momento, que era el día. El día de plazo final para saber qué significaba aquello, qué tenían. Si es que existía algo.
Hacía mucho que no veía aquella película, que no la disfrutaba. "El diario de Noah". Y llegó el momento de irse, mientras todo lo que había imaginado no cobraba sentido alguno hasta que, de repente, la agarró de la muñeca y le hizo sentarse en el sofá en el que habían compartido la tarde -además de cosquillas. Él sonrió y se acercó despacio, ella se quedó muda en el sitio. Y la besó. Los detalles los ahorraré, ya sabéis cómo es un beso, ¿no? Ya sabéis que depende de la persona que te lo dé, de lo que sientas, del día en el que estés, de lo que signifique. Cosas demasiado íntimas.
Bajó la escalera sin fijarse en sus pasos, salió del portal hacia la luz del sol, y recuerda cómo se sintió en aquel momento. Ganadora. Sintió que no había nada que no pudiese lograr, ningún lugar que tuviese límites.
UN CÚMULO DE CASUALIDADES (IV).
Que jamás se arrepentiría de haberle concedido aquel saludo tan inocente era algo que pensó mientras se sentaba en el coche verde oliva, en el asiento del copiloto, al lado de la persona más alucinante que había conocido hasta el momento. Ella, tan puntual, llegó tarde a casa, habló con él. Y los días siguientes. Y montó más veces en el coche verde oliva. Cafés, un par de cervezas y mucho que hablar, mucho que contarse. Quizá fue porque no tenían a quién contárselo, nadie que costease sus sueños, nadie que les diese la ilusión para hacer una nueva historia. Y los dos juntos, decidieron apoyarse en el otro de mutuo acuerdo, pero sin decidirlo con palabras. Solo se decidió con momentos. Todo fueron estúpidas casualidades, un cúmulo de pensamientos.
UN CÚMULO DE CASUALIDADES (III).
La vida dio un vuelco alucinante un día de junio, un día como otro cualquiera. Los cumpleaños siempre le habían gustado, tenía ganas de una gran noche. Sentada en el sofá de un sótano cálido por el crepitar del fuego y las conversaciones que lo llenaban, por las risas dulces y despreocupadas. Conversaba con sus amigos, dialogaba risueña y divertida, cuando su amiga fijó la vista por encima de ella y se quedó callada, sin mover un solo músculo, dándole a entender que se diese la vuelta. Antes de hacerlo, ya lo sabía. Solo alguien producía ese efecto en las personas.
No lo recordaba tan imponente, ni tan intimidante, ni tan guapo. Tenía el pelo revuelto, con un toque despeinado que producía un efecto de perfección en su aspecto. Vestía elegante, de oscuro. Como su pelo azabache, como la copa que le tiró por encima un par de horas más tarde. Al principio, los dos fingieron no darse cuenta de que el otro estaba al lado, pero él, a veces tan descarado, decidió romper el silencio y también unas cuantas normas. Las miradas y los comentarios les persiguieron toda la noche, y siempre supo que el futuro no les dejaría así, que faltaba algo. Él también pareció pensarlo:
-Hay amigas y "amigas".
-¿Qué es ella?
-Bueno, ella es una amiga...
-Pero te gustaría que fuese lo segundo, ¿verdad?
Él sonrió.
Y el tiempo lo iba a corroborar. Aunque no tanto como ellos pensaban.
lunes, 28 de enero de 2013
UN CÚMULO DE CASUALIDADES (II).
No fue la única ocasión en la que la sonrisa enterrada entre sus comisuras estuvo presente, pero nada tuvo importancia hasta la última noche del año 2011. La oscuridad se llenaba de luces de cigarros, el sonido del pub más cercano era amortiguado por las conversaciones callejeras y alegres. Ella caminaba risueña, estaba siendo una gran noche, cuando lo vio acercarse portando un traje oscuro, tan oscuro como su pelo azabache, y una sonrisa inmensamente blanca en contraste. Fue la primera vez que vio aquella sonrisa tan pronunciada, o quizá nunca se había fijado, y fue la primera vez que se fijó en sus ojos entrecerrados y expresión feliz, como si nada malo pudiese ocurrirle.
Cuando se dio cuenta de que se dirigía a ella, supuso que todo era una broma, de muy buen gusto, por cierto, que todos saldrían gritando "¡Cámara oculta!", pero resultó no pasar nada de eso. Y los dos besos cercanos a la comisura le hicieron entender que no era una mera visita de cortesía por la triste tradición de felicitar el año a quien no saludas el resto de este. Varias miradas conocidas se clavaron en ella siguiendo la escena, se sintió flotar. Un par de conversaciones siguieron a los días siguientes, pero pronto se olvidaron los dos de aquellas pequeñeces. O digamos, más bien, que lo dejaron para otro momento.
Cuando se dio cuenta de que se dirigía a ella, supuso que todo era una broma, de muy buen gusto, por cierto, que todos saldrían gritando "¡Cámara oculta!", pero resultó no pasar nada de eso. Y los dos besos cercanos a la comisura le hicieron entender que no era una mera visita de cortesía por la triste tradición de felicitar el año a quien no saludas el resto de este. Varias miradas conocidas se clavaron en ella siguiendo la escena, se sintió flotar. Un par de conversaciones siguieron a los días siguientes, pero pronto se olvidaron los dos de aquellas pequeñeces. O digamos, más bien, que lo dejaron para otro momento.
UN CÚMULO DE CASUALIDADES. (I)
Vio pasar un coche verde. Era un color verde entre hierba oscura y aceituna, un verde que le traía el olor de los recuerdos. Cerró los ojos un momento y le vinieron a la mente muchos momentos, muchas historias pasadas. Aquella sonrisa burlona de ojos entrecerrados, aquella forma de no darle importancia a las cosas, de no preocuparse. Se podría decir que le daba la paz y calma que ella necesitaba después de tantos gritos silenciosos, después de sus malos ratos. Tranquilidad. Le transmitía una tranquilidad y una paciencia asombrosas, a lo que no estaba acostumbrada.
Cuando todo empezó, creyó vivir una especie de ensueño (o de sueño), uno de esos que solo pasan en las películas y que nunca te pasa a ti. Hasta que pasó. Recordaba a la perfección cada momento, cada día con su presencia.
Todo empezó como empiezan los días especiales, como cualquier otro.
Día en que se conocieron, en que él no la miró a ella con más ojos que los que miran a una niña, pues eso es lo que era. Ella tampoco puso demasiado interés, pero le pareció una persona un tanto especial, extraña, diferente. Ninguno de los dos imaginaba que un par de años más tarde las cosas darían un gran giro.

Cuando todo empezó, creyó vivir una especie de ensueño (o de sueño), uno de esos que solo pasan en las películas y que nunca te pasa a ti. Hasta que pasó. Recordaba a la perfección cada momento, cada día con su presencia.
Todo empezó como empiezan los días especiales, como cualquier otro.
Día en que se conocieron, en que él no la miró a ella con más ojos que los que miran a una niña, pues eso es lo que era. Ella tampoco puso demasiado interés, pero le pareció una persona un tanto especial, extraña, diferente. Ninguno de los dos imaginaba que un par de años más tarde las cosas darían un gran giro.
viernes, 18 de enero de 2013
KISS ME HARD BEFORE YOU GO. (IV)
Me senté en mi escritorio, dispuesta a meditar seriamente hasta que di con la idea de hacer una lista. Defectos y virtudes. "el otro" y Kai. Antes de empezarla siquiera, ya sabía quién iba a perder. No me equivoqué. Debería haber hecho caso a aquella lista, debí seguir el camino correcto, debí haber hecho caso a mi cabeza. Hasta que mi estómago empezó a gritar y retorcerse con rebeldía, y rompí la lista en pedazos, mientras me dirigía a "el otro" para decirle que me quedaba con él. Que yo también le quería.
Nuestros segundos besos duraron un crepúsculo. ¿Tan incompatibles somos? Me di cuenta de que sí. Y de que "el otro", aunque me prometió el futuro, se estaba equivocando. Esta vez no hubo vuelta atrás.
Punto y final. FIN.
Nuestros segundos besos duraron un crepúsculo. ¿Tan incompatibles somos? Me di cuenta de que sí. Y de que "el otro", aunque me prometió el futuro, se estaba equivocando. Esta vez no hubo vuelta atrás.
Punto y final. FIN.
KISS ME HARD BEFORE YOU GO. (III)
Siempre me han gustado y siempre he odiado los septiembres. Suena paradójico, y los dos contestan al mismo motivo: los septiembres eran los que nos unían. Nunca he sabido si esto era malo o bueno, de ahí mi indecisión.
No sé si es porque habíamos crecido, porque las cosas habían cambiado o porque había llegado nuestro momento, pero el caso es que todo cambió.
Me acostumbré a su presencia diaria, a hablar de mil cosas, a confiar un poco más en él. Pero era "el otro" y, por supuesto, me falló. Me falló muchas veces. Yo le perdoné, por supuesto. Le perdoné muchas veces. Eran pequeñeces, yo no le quería, así que no me costaba. En diciembre volví a atreverme, volví a ser valiente. Y esta vez me acerqué más a una respuesta. Pasó diciembre, y ante el último fallo de "el otro" me sentí más dolida.
Un buen día me desperté y decidí que no quería más . Que estaba cansada de aguantar a pie de cañón. Me cerré en banda y no supe nada más de él. Me sentí feliz como nunca.
Los días pasaban y no volví a encontrarme con su mirada. Rehuí sus sonrisas matutinas hasta que vio que de verdad me pasaba algo, que esta vez no era como las otras. Hasta que vio que era lo que yo quería, y se hizo a un lado. Quizá en lo más hondo me decepcionó su abandono. Si fue así, no lo exterioricé.
Conocí a una persona nueva, una persona que me sacó mil sonrisas y una, que era la perfección en persona. Esta persona fue uno de los Kai, quizá el mejor.
Pero "el otro" tiene la curiosidad cualidad de volver cuando menos se le necesita, cuando menos se le quiere presente. Esta vez no me detuve y le pregunté por qué. "¿Por qué? ¿Por qué has vuelto? ¿Por qué ahora?". Su respuesta se clavó dentro de mí, haciéndome naufragar. "¿Porque te quiero?".
No sé si es porque habíamos crecido, porque las cosas habían cambiado o porque había llegado nuestro momento, pero el caso es que todo cambió.
Me acostumbré a su presencia diaria, a hablar de mil cosas, a confiar un poco más en él. Pero era "el otro" y, por supuesto, me falló. Me falló muchas veces. Yo le perdoné, por supuesto. Le perdoné muchas veces. Eran pequeñeces, yo no le quería, así que no me costaba. En diciembre volví a atreverme, volví a ser valiente. Y esta vez me acerqué más a una respuesta. Pasó diciembre, y ante el último fallo de "el otro" me sentí más dolida.
Un buen día me desperté y decidí que no quería más . Que estaba cansada de aguantar a pie de cañón. Me cerré en banda y no supe nada más de él. Me sentí feliz como nunca.
Los días pasaban y no volví a encontrarme con su mirada. Rehuí sus sonrisas matutinas hasta que vio que de verdad me pasaba algo, que esta vez no era como las otras. Hasta que vio que era lo que yo quería, y se hizo a un lado. Quizá en lo más hondo me decepcionó su abandono. Si fue así, no lo exterioricé.
Conocí a una persona nueva, una persona que me sacó mil sonrisas y una, que era la perfección en persona. Esta persona fue uno de los Kai, quizá el mejor.
Pero "el otro" tiene la curiosidad cualidad de volver cuando menos se le necesita, cuando menos se le quiere presente. Esta vez no me detuve y le pregunté por qué. "¿Por qué? ¿Por qué has vuelto? ¿Por qué ahora?". Su respuesta se clavó dentro de mí, haciéndome naufragar. "¿Porque te quiero?".
miércoles, 16 de enero de 2013
KISS ME HARD BEFORE YOU GO. (II).
Lo único que sé a ciencia cierta es que fueron los primeros labios que me hicieron sentir algo por dentro. Nunca había sido tan atrevida como lo fui con él, no había sido tan valiente jamás. Me atreví a decirle todo tras unos besos de niños, o no tan de niños, aunque eso éramos entonces. Jamás me había sentido tan viva.
Normalmente, si no quieres pasar tu vida al lado de una persona, le contestas que solo sois amigos. Si quieres compartir tu tiempo con ella, intentarás ser algo más. Pero "el otro" siempre ha sido un poco incomprensible y se atrevió a murmurar un "YA SE VERÁ".
Aquel verano fue interesante y nuevo para mí, lleno de luces y gente nueva, lleno de salidas, y de entradas triunfales. "el otro" fue alejándose de mi mente hasta quedarme completamente a salvo. Llegué a olvidarme de su existencia.
Pero, como siempre, septiembre es testarudo y siempre vuelve, como "el otro". Sí, "el otro" siempre está ahí presente a su manera, y en cuanto le miré a los ojos descubrí que seguía atada a ellos. De pies y manos.
Pero poco a poco, nuestros caminos se enlazaban con los de otras personas. Ojalá hubiésemos enlazado los nuestros... Existieron ciertos momentos que me hacían pensar que no se había acabado, que todavía nos quedaba esa conexión tan poco clara, esa conexión que aclaraba tan poco. Las sonrisas, las miradas, esa red eléctrica que nos unía, esas risas mágicas. Y no me equivoqué.
Normalmente, si no quieres pasar tu vida al lado de una persona, le contestas que solo sois amigos. Si quieres compartir tu tiempo con ella, intentarás ser algo más. Pero "el otro" siempre ha sido un poco incomprensible y se atrevió a murmurar un "YA SE VERÁ".
Aquel verano fue interesante y nuevo para mí, lleno de luces y gente nueva, lleno de salidas, y de entradas triunfales. "el otro" fue alejándose de mi mente hasta quedarme completamente a salvo. Llegué a olvidarme de su existencia.
Pero, como siempre, septiembre es testarudo y siempre vuelve, como "el otro". Sí, "el otro" siempre está ahí presente a su manera, y en cuanto le miré a los ojos descubrí que seguía atada a ellos. De pies y manos.
Pero poco a poco, nuestros caminos se enlazaban con los de otras personas. Ojalá hubiésemos enlazado los nuestros... Existieron ciertos momentos que me hacían pensar que no se había acabado, que todavía nos quedaba esa conexión tan poco clara, esa conexión que aclaraba tan poco. Las sonrisas, las miradas, esa red eléctrica que nos unía, esas risas mágicas. Y no me equivoqué.
sábado, 12 de enero de 2013
KISS ME HARD BEFORE YOU GO. (I)
Las cosas que más duran en el tiempo comienzan siendo las más insignificantes. Aquel día yo no lo miré más que un par de minutos. A partir de ahí, me enzarcé en su mirada y tiempo más tarde me di cuenta de que las palabras hirientes también son espinas.
Era un chico bastante común, sin nada especial. Nunca conseguiré saber por qué me fijé en él, pero lo hice. Y es el comienzo de mi historia. Sucedió un septiembre bastante común, con sabor al calor de verano todavía en el aire. Las madrugadas eran más frías y, como siempre, empezaron las clases. Yo era bastante ingenua, inocente. Aún confiaba en las personas. Repito que es una persona común y corriente, sin nada especial. Llamémosle "el otro". Sin mayúsculas, jamás las mereció aunque le hiciese competencia a cada Kai de mi vida. "el otro" no fue mi primer beso, ni mi primer novio. En realidad, nunca pude catalogar lo que era, lo que éramos. Quizá un 'nada a medias' estaría bien, por poner algo.
Era un chico bastante común, sin nada especial. Nunca conseguiré saber por qué me fijé en él, pero lo hice. Y es el comienzo de mi historia. Sucedió un septiembre bastante común, con sabor al calor de verano todavía en el aire. Las madrugadas eran más frías y, como siempre, empezaron las clases. Yo era bastante ingenua, inocente. Aún confiaba en las personas. Repito que es una persona común y corriente, sin nada especial. Llamémosle "el otro". Sin mayúsculas, jamás las mereció aunque le hiciese competencia a cada Kai de mi vida. "el otro" no fue mi primer beso, ni mi primer novio. En realidad, nunca pude catalogar lo que era, lo que éramos. Quizá un 'nada a medias' estaría bien, por poner algo.
martes, 1 de enero de 2013
NO VALE LA PENA DEJAR DE VOLAR.
Nunca he sabido definirme del todo. De una forma u otra, siempre evito el tema. Lo único que sé a ciencia cierta sobre mí misma es ese "¿por qué?" presente en cada situación. Esa pregunta a la que tan a menudo no encuentro respuesta, pero me empeño en encontrar, pues es por lo que vivo. Por cada detalle ínfimo e insignificante, por cada pequeño porqué, por cada gesto en un rostro impasible, por cada impasibilidad en una persona acostumbrada a gesticular. No sé si me seguís. Lo que quiero decir es que solo me fío de lo que mi mente retorcida es capaz de dilucidar entre tanta información.
Siempre he sido una persona independiente, supongo que debido a las faltas o ausencias y a un par de cosas más. Es complicado explicar esa sensación de independencia que tengo a medias. Sí, a medias. Algunos días me despierto sin sentido de la necesidad, como si no me hiciese falta nada más allá de mí misma. Y me siento egoísta, pero a gusto. Otros amaneceres, en cambio, me quedo pegada a las sábanas, algo asustada. Con el corazón encogido por la angustia. Y me pregunto por qué. Y lo adivino. Porque si perdiese a algunas personas, si perdiese algunas cosas, a lo mejor me dolía tanto que no podría soportarlo, ¿no? A lo mejor no soy tan diferente al resto del mundo como acostumbro a pensar. A lo mejor, simplemente, llevo años engañándome a mí misma. A lo mejor, nunca lo sabré. Esos días en los que me pego a las sábanas, todo me cuesta un poco y empiezo a echar de menos cosas que no vienen a cuento. Principalmente, echo en falta algunas despedidas. Sí, dolerán, pero son necesarias. De verdad que lo son. En estas ocasiones, me repito que no vale la pena dejar de volar.
lunes, 17 de diciembre de 2012
2011
Hola. Es un comienzo un poco raro entre nosotros, pero es que las cosas se han enfriado... Bueno, es normal. Te estarás preguntando por qué te escribo esto, si ya no es necesario. Lo sé. Es sólo que necesito explicarte todo, sacarlo de aquí dentro, porque ya no puedo más con ese peso. En primer lugar, quiero pedirte perdón. Perdón por todo lo malo, las discusiones y cualquier cosa con la que pude hacerte daño. Sí, lo siento, no iba a ser toda la culpa tuya... Simplemente, no sabemos ser felices. No juntos. Sólo sabemos decir palabras hirientes, dolernos, enseñarnos nuestra peor cara.
Ojalá las cosas hubiesen quedado ahí. Hubiese estado bien que yo ese día te hubiese dicho que me habías perdido, que se acabó, pero no me arrepiento de nada. Solo sé que, ahora, los viernes a las once y cuarto me duelen un poco, y cuando llego tarde a clase me acuerdo de ti. Y cuando te pones una sudadera gris me pregunto si alguna vez te acuerdas de mí.
Solo te pido que mires mi sonrisa y me eches de menos, que nuestras miradas se crucen y te odies por habernos perdido, como prometimos que no íbamos a hacer nunca. Pero cuando algo se rompe, cuando todo acaba en mil pedacitos, lo único que queda son recuerdos.
¿Sabes lo que más me duele de todo? Que yo lo había conseguido, que me desperté por la mañana un día y decidí que no quería perder más el tiempo con alguien que no buscaba nada más que un par de besos y alegrías. Y no volví a mirarte, a hablarte, a tocarte, a tratar de verte o encontrarte en cualquier parte. Me dediqué a olvidar tus horarios y no querer saber nada de ti. Conocí gente, me interesé por alguien que no eras tú. Creí que ya no te necesitaba, que ya nada dolía. Pero, en el fondo, yo sabía que todo era igual, que todo sería lo mismo si no me hubiese alejado de ti. Perdí la costumbre de imaginar mil situaciones contigo. Me sentía inmensa al darme cuenta de que no me había acordado de ti nada más despertarme.
Y entonces, un día, de sorpresa, volviste. Decidiste que antes de tu orgullo iba yo, por una vez. Fue la única vez en mi vida que yo recuerde que me has pedido perdón. Y te perdoné, cómo no iba a hacerlo. Me querías. De repente, me querías.
Y me di cuenta de que yo también te quería. Qué curioso, ¿no? Un día no sabes lo que es eso y al siguiente, ya ves...
Quiero que sepas por qué te elegí a ti y no a él. Por qué volví a tus brazos. Por qué te perdoné. Bueno, no sabía a quién quería ganar, pero sí a quién no podía perder.
Ojalá las cosas hubiesen quedado ahí. Hubiese estado bien que yo ese día te hubiese dicho que me habías perdido, que se acabó, pero no me arrepiento de nada. Solo sé que, ahora, los viernes a las once y cuarto me duelen un poco, y cuando llego tarde a clase me acuerdo de ti. Y cuando te pones una sudadera gris me pregunto si alguna vez te acuerdas de mí.
Solo te pido que mires mi sonrisa y me eches de menos, que nuestras miradas se crucen y te odies por habernos perdido, como prometimos que no íbamos a hacer nunca. Pero cuando algo se rompe, cuando todo acaba en mil pedacitos, lo único que queda son recuerdos.
Un segundo gran amor, una persona a la que perderás siempre.
-Deberías mirarte al espejo. ¿No te ves nada raro?
-¿Algo raro? No lo sé, ¿tengo mal el cuello de la camisa?
-No, la camisa está perfectamente. Me refiero a los ojos.
-¿Los ojos?
-Sí, ¿no te duele que los de ella ya no estén reflejados en los tuyos? Ah, y mírate la sonrisa, porque ya hace tiempo que no te la pones, más o menos desde que se fue.
-¿A qué viene esto?
-A que me da pena que seas incapaz de admitir todo lo que la echas de menos. ¿O ya no te acuerdas de cuando cantaba canciones entre dientes porque estaba perdida en su mundo interior? O cómo se le quedaban los ojos cuando estaba ausente. O que cuando estaba triste se iba a un rincón solitario, muy callada. O cuando no sonreía, cosa extraña, y fruncía el ceño porque se había enfadado. O cuando preguntaba inocente qué te pasaba aunque lo supiese perfectamente, sólo para hacerte sonreír. O cuando la veías nerviosa e inquieta porque os habíais quedado solos, y tú no entendías nada... Nunca lo hiciste. Pero ahora lo entiendes de sobra, ¿verdad? Y sólo puedes decírtelo a ti mismo, porque te da hasta vergüenza mirarla a la cara, arrepintiéndote de todo, porque no eres capaz de expresar lo que sientes y ya no la tienes a ella para que lo sepa todo con un vistazo a tus ojos.
-¿Tienes algo más que decir?
-Sí, una última cosa. Me alegro de que se haya ido. Y también decirte que eres increíble y más fuerte que cualquiera, porque conseguir perder a una persona que se daba de cabezazos por ti... No cualquiera conseguiría eso.
-¿Algo raro? No lo sé, ¿tengo mal el cuello de la camisa?
-No, la camisa está perfectamente. Me refiero a los ojos.
-¿Los ojos?
-Sí, ¿no te duele que los de ella ya no estén reflejados en los tuyos? Ah, y mírate la sonrisa, porque ya hace tiempo que no te la pones, más o menos desde que se fue.
-¿A qué viene esto?
-A que me da pena que seas incapaz de admitir todo lo que la echas de menos. ¿O ya no te acuerdas de cuando cantaba canciones entre dientes porque estaba perdida en su mundo interior? O cómo se le quedaban los ojos cuando estaba ausente. O que cuando estaba triste se iba a un rincón solitario, muy callada. O cuando no sonreía, cosa extraña, y fruncía el ceño porque se había enfadado. O cuando preguntaba inocente qué te pasaba aunque lo supiese perfectamente, sólo para hacerte sonreír. O cuando la veías nerviosa e inquieta porque os habíais quedado solos, y tú no entendías nada... Nunca lo hiciste. Pero ahora lo entiendes de sobra, ¿verdad? Y sólo puedes decírtelo a ti mismo, porque te da hasta vergüenza mirarla a la cara, arrepintiéndote de todo, porque no eres capaz de expresar lo que sientes y ya no la tienes a ella para que lo sepa todo con un vistazo a tus ojos.
-¿Tienes algo más que decir?
-Sí, una última cosa. Me alegro de que se haya ido. Y también decirte que eres increíble y más fuerte que cualquiera, porque conseguir perder a una persona que se daba de cabezazos por ti... No cualquiera conseguiría eso.
viernes, 7 de diciembre de 2012
MEMORIES 2010-2011.
Él quitaba importancia a todo. Su voz llegaba a los rincones más oscuros y me transportaba a cielos azules con nubes todavía por estrenar. Yo guardaba las penas en los bolsillos y disfrutaba del tono de voz que ponía cuando fingía que se enfadaba, porque luego siempre me abrazaba y me hacía sentir en casa. Y también me gustaba cómo él volvía siempre a mí por mucho que pasase, como me hacía sentir un poco especial cuando me agarraba de la mano sin motivo alguno, como si necesitase el contacto de mi piel para no tener miedo, para no perderse. Me gustaba cómo con sus dedos acariciaba los míos para hacerme sentir menos sola. Quizá era su forma de decirme que yo solo era suya. De demostrárselo a los demás. Me confundía cuando me sonreía burlón pero bajaba la mirada, como si temiese que mis ojos pudieran arrebatarle su libertad, guardada con tanto ahínco. Por eso siempre traté de no quitarle mucho espacio. Un día, me invitó a echarme a su lado y me apoyé muy cerca de él, a su lado izquierdo, como siempre. Y sus latidos empezaron a competir con los míos, pululando en mi oído y dejándome muda, ciega, sorda. Sin sentidos. Ese día comprendí que ese lugar a su lado izquierdo había sido creado para mí, pero aún faltaba que él se diera cuenta de que yo había adaptado mi lado derecho a la forma de su piel.
También comprendí que en su mundo no existían otros latidos salvo los suyos, que aún no necesitaba a nadie. Y también supe que en mi vida olvidaría esa sensación, y que, algún día, tendríamos que crecer. Y quizá entonces pudiéramos encontrarnos.
También comprendí que en su mundo no existían otros latidos salvo los suyos, que aún no necesitaba a nadie. Y también supe que en mi vida olvidaría esa sensación, y que, algún día, tendríamos que crecer. Y quizá entonces pudiéramos encontrarnos.
lunes, 3 de diciembre de 2012
Yo soy más de cosas pequeñas.
Verás, me gustan los detalles. No necesito grandes sacrificios, ni grandes promesas. No necesito milagros, ni recompensas. No quiero flores azules, me sirven blancas para pintarlas de colores.
jueves, 29 de noviembre de 2012
Sonrió hacia dentro. Se le daba igual de bien que hacia fuera.
Y por fin, después de dieciséis años, comprendió cuál era su cometido en la vida. Había entendido cuál es el precio de la felicidad, el valor de una sonrisa, de una mirada cálida. De repente supo a ciencia cierta todo lo que tantas veces había infravalorado. Se dio cuenta de todas las veces que había dicho que había que ser egoísta para ser felices, y tuvo que corregirse. Tuvo que decirse que estaba equivocada, que nada de lo que había conocido antes era cierto. Tenemos que hacer felices a los demás, porque de eso trata todo. Porque en eso se basa nuestra propia felicidad. Y porque sabía que al sacar una sonrisa a un completo desconocido, una sensación escalofriante le recorría por dentro, traspasando cada órgano, sin chocar con nada, atravesando su sistema nervioso hasta el punto de enloquecer. Y, entonces, supo qué era lo que debía hacer.
lunes, 12 de noviembre de 2012
¿Quién dijo que el mundo era como nos contaban?
Un fuerte dolor le presionaba el pecho. Tenía frío, pero no frío de mediados de noviembre, sino frío del alma. Como cuando te acercas a un árbol y las hojas dejan caer el rocío sobre tu pelo, y sientes que se te encharcan los huesos y que te duelen los pulmones de repente al recordar todos tus anteriores inviernos, sin unos brazos cálidos que te escondan los días que no hay luna, sin una mirada ardiente que te devuelva la pasión por la vida. Ese frío del alma cala hasta las entrañas y reconcome cada órgano hasta llegar al corazón. Y es entonces cuando se te empaña la cristalera que guarda al iris (no importa de qué color sea) y comienzas a respirar de otro modo, se te rompe la voz y los sonidos no se articulan de un modo normal, sólo emites balbuceos sin sentido y la boca te sabe a sal por esas gotas que te recorren las mejillas. Y no ves belleza.
En un momento así, cuando estás tan perdida, cuando no hay dentro de ti más que malos pensamientos, yo sólo sé hacer dos cosas. La primera es mirar al cielo, recordar que estoy volando. Y la segunda, emplear todo eso malo, sacarlo de mí, en forma de fotografías. ¿Quién dijo que no se pueden usar cosas horribles para hacer cosas hermosas?
En un momento así, cuando estás tan perdida, cuando no hay dentro de ti más que malos pensamientos, yo sólo sé hacer dos cosas. La primera es mirar al cielo, recordar que estoy volando. Y la segunda, emplear todo eso malo, sacarlo de mí, en forma de fotografías. ¿Quién dijo que no se pueden usar cosas horribles para hacer cosas hermosas?
viernes, 9 de noviembre de 2012
lunes, 29 de octubre de 2012
El alba es el amanecer. Como yo.
Podría contaros mi historia. Sí, podría, y nos daría para mucho, porque disfruto cada instante al máximo, y eso no se cuenta en dos horas. Podría explicaros por qué me gusta más escribir las cosas malas que las buenas, por qué observo la lluvia con melancolía, o simplemente cómo he llegado hasta aquí sin dejar de volar. Podría deciros lo mucho que me gusta el Sol, lo impresionantes que son las estrellas desde aquí y cada cosa que ven mis ojos. Sí, podría. Y también podría enseñaros lo mal que bailo o cuántas veces pierdo el ritmo al cantar, pero que amo la música. Y sabríais verlo como yo. Podría enseñaros mis secretos más oscuros, mis recuerdos más sombríos; podría contaros cómo se ve el arco iris cuando vuelo, de qué color son mis plumas o cuán largas mis alas. Incluso me gustaría hacerlo. Sí, podría. Pero hoy no lo voy a hacer. Hoy solo quiero deciros que el fondo de mi alma no para de gritar "¡LIBERTAD, LIBERTAD!". Serán capaces de deciros que no soñéis, que no deseéis que nada os saldrá bien, que la vida es triste, que todo es blanco o negro, que las mareas se producen por la luna. Y no, nada de eso es verdad. Todo lo que queráis, soñéis, deseéis está al alcance de los dedos. Que la vida no es triste, ni mucho menos, que dará muchos palos, pero los moratones se curan y eso es gracias al color del cielo. ¿Las mareas? Eso significa que el mar se enfada. ¿La lluvia? Que las nubes lloran. ¿Y el Sol? El Sol siempre brilla.
Así que, ya sabes. Sonríe, llora, sueña, diviértete. El cielo es el límite, y yo soy un pájaro. Un colibrí. Prueba, vuela. No existe nada mejor.
Así que, ya sabes. Sonríe, llora, sueña, diviértete. El cielo es el límite, y yo soy un pájaro. Un colibrí. Prueba, vuela. No existe nada mejor.
domingo, 28 de octubre de 2012
Tú, harta de tanta duda. Yo, de preguntarle al viento.
14:30 Les veo a lo lejos, sentados en un corro, de un modo familiar, como la familia que son. Una sonrisa, una cara cansada, tonterías que me son conocidas y unas cuantas risas pequeñas.
18:30 Escuchamos notas familiares, un poco escondidas, para disfrutar más tarde.
18:45 Un poco de nervios, nos levantamos, no podemos esperar más.
19:00 La multitud está embravecida, apenas unas pocas horas. La gente lucha por ganar un milímetro más en la cola, por estar un poco más cerca de tocar la valla desconchada que tantos conciertos habrá soportado.
20:12 Las puertas se abren. Las vallas se agitan. Las personas hablan cada vez más alto y me asusto, y me emociono, y me entran escalofríos, y se me pone la piel de gallina. Y a mi alrededor, más de lo mismo. Agarro de la mano a una sola persona, los demás ya nos seguirán. Y corro, corro como hacía mucho tiempo que no corría, libre, sintiendo que nada importa, que no existen preocupaciones, que el mundo es tan grande y a la vez tan pequeño, que no existen las cosas malas, que sólo quiero escuchar esos acordes que cuatro años me han hecho suspirar y emocionarme hasta la locura. Y corro. Y sorteo la seguridad, y sorteo las vallas, y me suelto de la mano porque ya no importa absolutamente nada. Y ya estoy dentro.
20:33 Tercera fila.
21:15 Sexta fila. Sin espacio para moverme, respirar o siquiera sacar el móvil. No hay cobertura, a ratos. No me importa, hoy es mi día.
22:23 Se apagan las luces. Un escalofrío recorre el Coliseum, un murmullo inaudible para mí, un griterío desorganizado para los demás. Yo no soy capaz de oír nada, tengo los oídos atentos a otras cosas. Hasta que oigo un "click" dentro de mí. Escucho su voz. Desde lejos, romántica, desgarrada, voz de poeta, la voz de un hombre cansado y feliz, su voz. Tengo la piel congelada a pesar del calor. Se encienden unas luces que dejan ver la guitarra y su portador. Poco después, el bajo. Seguidamente, la batería y el teclado. Y, de repente, aparece Robe. Sin dejar de cantar, mirándonos tímidamente a pesar de todo lo que sabe, con su esencia poética de siempre. Pronunciando libertad.
A partir de aquí, no puedo recordar horas, porque me pareció que las cuatro horas fueron 30 minutos. De lo único que me acuerdo estando totalmente cuerda es de Standby, cuando vi las estrellas por todo el escenario y me sentí totalmente en paz. Y en Salir, cuando Robe salió cantando sin micrófono, como si fuese uno más de nosotros. Y solo recuerdo escalofríos, mareo, felicidad y que ha sido el mejor día de mi puta vida. Esto no es comparable a lo que viví, pero espero que os hagáis una idea.
-27 de octubre de 2012-.
jueves, 25 de octubre de 2012
Triste, como los besos que no diste. (8)
-¿Por qué ya nunca se te ve con la sonrisa de antes? ¿Y con tus amigos de siempre?
-Digamos que rompí mis lazos con ellos.
-Eso ellos no lo saben, ni siquiera les has dado una explicación... Oí hablar a un par de chicos el otro día, dicen que no eres la misma.
-Por supuesto que no soy la misma. Los inviernos calan mucho en la gente, ¿sabes? Y el Sol arruga, el chocolate engorda y las gominolas suben el colesterol.
-Todo esto, antes, no te importaba.
-Porque antes era una soñadora. Creatividad, infinito, "imagine" y todo eso... Inventar días primero, re-inventarlos después... Aquellos tiempos fueron bonitos, pero se acabaron. Porque todo acaba, incluso la más mínima mota de polvo en el espacio tiene un fin. Y el infinito, el infinito no existe. Me di cuenta de que no era soñar lo que yo hacía, sino ser ingenua. Y nunca me gustó quedar de niña tonta.
-¿Por qué no se lo explicas a ellos? Ni siquiera tienen una respuesta.
-¿Sabes qué? La gente siempre se queja de mi humor. Soy un poco desesperante, insoportable e irascible. Un poco, o un mucho. No lo sé, la verdad, y ahora ya no me importa. Hay pocas cosas que me sigan importando... El caso es que con ese humor me comportaba de forma irreal, enfadándome por cosas que los demás no comprendían, pues la respuesta solo estaba dentro de mí. ¡Ah! Y la gente también se queja de mi forma de ser. Digo las cosas aun cuando nadie quiere escucharlas, es una extraña virtud-defecto que tengo. No sé mentir y tengo las cosas muy claras, tanto, que me asusta salirme de la línea. Pero también me asusta la línea recta, lo que demuestra que soy muy contradictoria con mi interior. En aquellos días, todo era luz y color. Luz de las discotecas, color del cielo por las tardes, pues así eran mis amigos. Tarde y noche. Más noche que tarde y nada de mañana, esa la dedicaban a soñar. A mí, en cambio, siempre me ha gustado más soñar despierta, así que las mañanas las empleaba en mi vida rutinaria y esperaba a la tarde para ver el cielo azul junto a ellos. ¡Cuántas veces creí que no podía existir nada mejor! Y aún hoy lo pienso. Pero se pierde a tanta gente por el camino... Pero no quiero hacer muy largo este tema, son cosas que están demasiado pensadas ya. Vuelvo a mí misma, si no te importa. El caso es que siempre digo lo que no me gusta, y por alguna extraña razón, esperaba que solo con eso los demás me complaciesen. No es que sea un tipo de egoísmo hipócrita, ni nada de eso. Solo que siempre he pensado que si quiero a una persona, no voy a hacer absolutamente nada que pueda molestarle, o por lo menos saber verlo, ¿sabes? Y eso fue todo. Quieren exigirte, pero no se exigen a sí mismos, y eso no es romántico, bonito, ni amistoso, ni siquiera es un poco cómico. Es algo tan horrible que cada vez que pienso en la sociedad que hemos construido tengo ganas de meterme en la cama y no salir de entre las sábanas, donde el mundo es tan, tan pequeño... Tan fácil... Y sí, supongo que me asusté. No sé comprender algunas cosas, y eso da tanto miedo... Da mucho miedo desnudar el alma, mucho más que desnudar el cuerpo, te lo aseguro. Y eso también me da miedo, así que imagínate... Nunca he sido muy valiente, pero eso sí que no me asustaba, porque tengo otras cosas buenas. Sé ver dónde no existe casi nada, pero esto también tiene parte mala, pues aunque descubras mil cualidades donde nadie ve ninguna, también aciertas con los defectos que nadie más veía. Sé comprender lo incomprensible, y sino, lo intento hasta ahogarme. Sé hacer metáforas solo con 27 letras, sé sentir libros sin escuchar nada y sentir música sin abrir los ojos. Sé escribir, aunque solo doy con palabras desgarradoras porque la felicidad ya la disfruto toda yo. Y soy feliz. Y nadie es capaz de quitarme eso, ni siquiera tú.
-Digamos que rompí mis lazos con ellos.
-Eso ellos no lo saben, ni siquiera les has dado una explicación... Oí hablar a un par de chicos el otro día, dicen que no eres la misma.
-Por supuesto que no soy la misma. Los inviernos calan mucho en la gente, ¿sabes? Y el Sol arruga, el chocolate engorda y las gominolas suben el colesterol.
-Todo esto, antes, no te importaba.
-Porque antes era una soñadora. Creatividad, infinito, "imagine" y todo eso... Inventar días primero, re-inventarlos después... Aquellos tiempos fueron bonitos, pero se acabaron. Porque todo acaba, incluso la más mínima mota de polvo en el espacio tiene un fin. Y el infinito, el infinito no existe. Me di cuenta de que no era soñar lo que yo hacía, sino ser ingenua. Y nunca me gustó quedar de niña tonta.
-¿Por qué no se lo explicas a ellos? Ni siquiera tienen una respuesta.
-¿Sabes qué? La gente siempre se queja de mi humor. Soy un poco desesperante, insoportable e irascible. Un poco, o un mucho. No lo sé, la verdad, y ahora ya no me importa. Hay pocas cosas que me sigan importando... El caso es que con ese humor me comportaba de forma irreal, enfadándome por cosas que los demás no comprendían, pues la respuesta solo estaba dentro de mí. ¡Ah! Y la gente también se queja de mi forma de ser. Digo las cosas aun cuando nadie quiere escucharlas, es una extraña virtud-defecto que tengo. No sé mentir y tengo las cosas muy claras, tanto, que me asusta salirme de la línea. Pero también me asusta la línea recta, lo que demuestra que soy muy contradictoria con mi interior. En aquellos días, todo era luz y color. Luz de las discotecas, color del cielo por las tardes, pues así eran mis amigos. Tarde y noche. Más noche que tarde y nada de mañana, esa la dedicaban a soñar. A mí, en cambio, siempre me ha gustado más soñar despierta, así que las mañanas las empleaba en mi vida rutinaria y esperaba a la tarde para ver el cielo azul junto a ellos. ¡Cuántas veces creí que no podía existir nada mejor! Y aún hoy lo pienso. Pero se pierde a tanta gente por el camino... Pero no quiero hacer muy largo este tema, son cosas que están demasiado pensadas ya. Vuelvo a mí misma, si no te importa. El caso es que siempre digo lo que no me gusta, y por alguna extraña razón, esperaba que solo con eso los demás me complaciesen. No es que sea un tipo de egoísmo hipócrita, ni nada de eso. Solo que siempre he pensado que si quiero a una persona, no voy a hacer absolutamente nada que pueda molestarle, o por lo menos saber verlo, ¿sabes? Y eso fue todo. Quieren exigirte, pero no se exigen a sí mismos, y eso no es romántico, bonito, ni amistoso, ni siquiera es un poco cómico. Es algo tan horrible que cada vez que pienso en la sociedad que hemos construido tengo ganas de meterme en la cama y no salir de entre las sábanas, donde el mundo es tan, tan pequeño... Tan fácil... Y sí, supongo que me asusté. No sé comprender algunas cosas, y eso da tanto miedo... Da mucho miedo desnudar el alma, mucho más que desnudar el cuerpo, te lo aseguro. Y eso también me da miedo, así que imagínate... Nunca he sido muy valiente, pero eso sí que no me asustaba, porque tengo otras cosas buenas. Sé ver dónde no existe casi nada, pero esto también tiene parte mala, pues aunque descubras mil cualidades donde nadie ve ninguna, también aciertas con los defectos que nadie más veía. Sé comprender lo incomprensible, y sino, lo intento hasta ahogarme. Sé hacer metáforas solo con 27 letras, sé sentir libros sin escuchar nada y sentir música sin abrir los ojos. Sé escribir, aunque solo doy con palabras desgarradoras porque la felicidad ya la disfruto toda yo. Y soy feliz. Y nadie es capaz de quitarme eso, ni siquiera tú.
lunes, 15 de octubre de 2012
Sonríe, princesa, te lo has ganado.
Puedo respirar tranquila, sin obstáculos.
Ahora lo comprendo todo.
Ya no hay marcha atrás cuando quieres a alguien.
Tendrás miedo. Querrás huir, de todo y de todos.
Te asustarás.
Pero, lo más importante, es todo lo bueno que hay, que gana con creces lo malo.
-Te quiero.
Abrazada a la melancolía.
¿Quieres que te cuente cuál es mi problema? Confío en las personas. Trato de ponerme en el pellejo de los demás, de entenderlos. Yo, por ejemplo y como ya te habrás dado cuenta, no soy capaz de mentir, me siento demasiado mal, aunque sea una tontería. ¿Por qué? Porque creo que mentir significa reírte de las personas, reírte de quienes ponen confianza en ti, reírte de los que te quieren. Por eso confío en las personas, porque pienso que si yo no puedo mentir ellos tampoco me mentirían. Y cuando vuelves la vista atrás, ves todo esos cuchillos, metafóricamente hablando, clavados en tu espalda, y las cicatrices no se borran fácilmente, ¿sabes?
Siempre hay una razón.
Dejadme deciros que siempre hay una razón para estirar las comisuras. Ya sea por ver dentro de unos ojos llenos de sueños y darte cuenta de que son los tuyos reflejados en el espejo, darte cuenta de que no todo está perdido, que aún te quedan ganas de luchar. Ya sea fustigar el aire con tu hálito de vida, demostrando que sigues en pie, una vez más y las que haga falta. Ya sea tratar de olvidar cosas inolvidables, y acabar dándote cuenta de que solo con aceptarlas, hubiese servido. Ya sea comprendiendo que el pasado no volverá en la vida, porque lo que queda es presente o futuro, y tú decides lo que vivir; ya sea comprendiendo que ese mismo pasado no lo has dejado tan atrás, y tratar de encontrar la forma de correr más que él para que no te atrape.
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