viernes, 18 de enero de 2013

KISS ME HARD BEFORE YOU GO. (III)

Siempre me han gustado y siempre he odiado los septiembres. Suena paradójico, y los dos contestan al mismo motivo: los septiembres eran los que nos unían. Nunca he sabido si esto era malo o bueno, de ahí mi indecisión. 
No sé si es porque habíamos crecido, porque las cosas habían cambiado o porque había llegado nuestro momento, pero el caso es que todo cambió. 
Me acostumbré a su presencia diaria, a hablar de mil cosas, a confiar un poco más en él. Pero era "el otro" y, por supuesto, me falló. Me falló muchas veces. Yo le perdoné, por supuesto. Le perdoné muchas veces. Eran pequeñeces, yo no le quería, así que no me costaba. En diciembre volví a atreverme, volví a ser valiente. Y esta vez me acerqué más a una respuesta. Pasó diciembre, y ante el último fallo de "el otro" me sentí más dolida. 
Un buen día me desperté y decidí que no quería más . Que estaba cansada de aguantar a pie de cañón. Me cerré en banda y no supe nada más de él. Me sentí feliz como nunca.
Los días pasaban y no volví a encontrarme con su mirada. Rehuí sus sonrisas matutinas hasta que vio que de verdad me pasaba algo, que esta vez no era como las otras. Hasta que vio que era lo que yo quería, y se hizo a un lado. Quizá  en lo más hondo me decepcionó su abandono. Si fue así, no lo exterioricé. 
Conocí a una persona nueva, una persona que me sacó mil  sonrisas y una, que era la perfección en persona. Esta persona fue uno de los Kai, quizá el mejor. 
Pero "el otro" tiene la curiosidad cualidad de volver cuando menos se le necesita, cuando menos se le quiere presente. Esta vez no me detuve y le pregunté por qué. "¿Por qué? ¿Por qué has vuelto? ¿Por qué ahora?". Su respuesta se clavó dentro de mí, haciéndome naufragar. "¿Porque te quiero?". 





No hay comentarios:

Publicar un comentario